ENSEÑAR EN TIEMPOS DE PANDEMIA
Por estos días una calamidad nos acosa sin contemplaciones. Como bien sabemos, una alternativa para afrontarla es respetar la cuarentena, esto es, abandonar las calles y los espacios públicos de manera casi total. El aislamiento hogareño parece componer una fórmula exitosa para sojuzgar el virus y disuadir los contagios, razón por lo cual la aplaudimos sin retaceos. No obstante, tal opción está provocando un sinfín de efectos colaterales; las rutinas de la vida cotidiana han sido fuertemente alteradas cuando no subvertidas.
Deseamos hacer foco y analizar ahora lo que sucede en uno de los ámbitos sociales de mayor predicamento: el ámbito educativo. Como era más que aconsejable, los centros educacionales cerraron sus puertas apenas anunciado el aislamiento social, preventivo y obligatorio, lo cual también resulta plausible. A partir de allí se ha puesto en funcionamiento un colosal operativo destinado a que los estudiantes puedan continuar aprendiendo las asignaturas escolares en sus respectivas viviendas. En estas coordenadas se están suscitando una cuantiosa gama de vicisitudes pedagógicas, psicológicas, familiares y sociales por no ir más lejos.
FUENTE: AL REVÉS

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